La moda lo es todo para mí.La moda lo es todo para mí.La moda lo es todo para mí.
Me pongo hasta el culo de todo, y luego me echo crema antiarrugas, porque tengo que estar presentable para los demás. Me compro ropa de marca, pero no tengo para comer, no vaya a ser que mi vecino se crea que soy una andrajosa.Tengo la espalda jodida de llevar medio metro de tacón, así me siento igualada a los hombres que me rodean.
La moda lo es todo para mí.La moda lo es todo para mí.La moda lo es todo para mí.
Soy todo un revolucionario, quien diga lo contrario es un reaccionista y le pisoteare con mis zapatillas de marca, eso sí, sin mancharme el polo de lonsdale.
Cuando voy a casas deshabitadas jodo todo lo que puedo, porque soy anticapitalista, no vaya a ser que los ricos se metan ahí a dormir, pero si vienen pobres, que se busquen la vida.
Cuando salgo por las noches, me pongo de todo, porque así me aislo de la mierda del mundo e intento joder al eSTADO, pero luego la gente me llama gilipollas porque dicen que eso les da dinero, los gilipollas son ellos.
Mi lucha se basa en hostias, fútbol y cerveza. Creo que no hay ninguna forma mejor de luchar que reventar el cráneo a patadas a alguien que, por muy PANK o ESQUIN que sea, no este de acuerdo conmigo en que 2+2=5.
¿Y todo por qué?
La moda lo es todo para mí.La moda lo es todo para mí.La moda lo es todo para mí.
Vuestra pose nos da asco...MACARRAS...
Aiba! Esta chaqueta Está fabricada por un niño hindú al que le pagan 4 céntimos la hora! Que pena, pero bueno, como me favorece a los pelos del culo, me la compraré igual :)
lunes 1 de febrero de 2010
martes 10 de noviembre de 2009
Bipolarismo
Mareos, vómitos, paranoia, depresión, gritos en tu cabeza, dolor, esquizofrenia, drogas, peleas, trastornos, discusiones, falsos colegas, policía, música...
Esta es tu vida (y con tus palabras haces arte).
[ConTantosPrincipiosSoloMeEsperaUnFinal]
Esta es tu vida (y con tus palabras haces arte).
[ConTantosPrincipiosSoloMeEsperaUnFinal]
lunes 19 de octubre de 2009
रिटर्न.
Cass era la más joven y la más guapa de cinco hermanas. Cass era la chica más guapa de la ciudad. Medio india, con un cuerpo flexible y extraño, un cuerpo fiero y serpentino y ojos a juego. Cass era fuego móvil y fluido. Era como un espíritu embutido en una forma incapaz de contenerlo. Su pelo era negro y largo y sedoso y se movía y se retorcía igual que su cuerpo. Cass estaba siempre muy alegre o muy deprimida. Para ella no había término medio. Algunos decían que estaba loca. Lo decían los tontos. Los tontos no podían entender a Cass. A los hombres les parecía simplemente una maquina sexual y no se preocupaban de si estaba loca o no. Y Cass bailaba y coqueteaba y besaba a los hombres pero, salvo un caso o dos, cuando llegaba la hora de hacerlo, Cass se evadía de algún modo, los eludía.
Sus hermanas la acusaban de desperdiciar su belleza, de no utilizar lo bastante su inteligencia, pero Cass poseía inteligencia y espíritu; pintaba, bailaba, cantaba, hacía objetos de arcilla, y cuando la gente estaba herida, en el espíritu o en la carne, a Cass le daba una pena tremenda. Su mente era distinta y nada más; sencillamente, no era práctica. Sus hermanas la envidiaban porque atraía a sus hombres, y andaban rabiosísimas porque creían que no les sacaba todo el partido posible. Tenía la costumbre de ser buena y amable con los feos; los hombres considerados guapos le repugnaban: "No tienen agallas -decía ella-. No tienen nervio. Confían siempre en sus orejitas perfectas y en sus narices torneadas... todo fachada y nada dentro..." Tenía un carácter rayando la locura; Un carácter que algunos calificaban de locura.
Su padre había muerto del alcohol y su madre se había largado dejando solas a las chicas. Las chicas se fueron con una pariente que las metió en un colegio de monjas. El colegio había sido un lugar triste, más para Cass que para sus hermanas. Las chicas envidaban a Cass y Cass se peleó con casi todas. Tenía señales de cuchilladas por todo el brazo izquierdo, de defenderse en dos peleas. Tenía también una cicatriz imborrable que le cruzaba la mejilla izquierda; pero la cicatriz, en vez de disminuir su belleza, parecía por el contrarío, realzarla.
Yo la conocí en el bar West End unas noches después de que la soltaran del convento. Al ser la más joven, fue la última hermana que soltaron. Sencillamente entró y se sentó a mi lado. Yo quizá sea el hombre más feo de la ciudad, y puede que esto tuviera algo que ver con el asunto.
- ¿Tomas algo? - Claro, ¿Por qué no?
No creo que hubiese nada especial en nuestra conversación esa noche, era sólo el sentimiento que Cass transmitía. Me había elegido y no había más. Ninguna presión, Le gustó la bebida y bebió mucho. No parecía tener edad, pero de todos modos le sirvieron. Quizás hubiese falsificado el carnet de identidad, no sé. En fin, lo cierto es que cada vez que volvía del retrete y se sentaba a mi lado yo sentía cierto orgullo. No sólo era la mujer más bella de la ciudad, sino también una de las más bellas que yo había visto en mi vida. Le eché el brazo a la cintura y la besé una vez.
- ¿Crees que soy bonita?- preguntó. - Sí, desde luego. Pero hay algo más... algo más que tu apariencia... - La gente anda siempre acusándome de ser bonita. ¿Crees de veras que soy bonita? - Bonita no es la palabra, no te hace justicia.
Buscó en su bolso. Creía que buscaba el pañuelo. Sacó un alfiler de sombrero muy largo. Antes de que pudiese impedírselo, se había atravesado la nariz con él, de lado a lado, justo sobre las ventanillas. Sentía repugnancia y horror.
Ella me miró y se echó a reír.
- ¿Crees ahora que soy bonita? ¿Qué piensas ahora, eh?
Saqué el alfiler y puse mi pañuelo sobre la herida. Algunas personas, incluido el encargado, habían observado la escena. El encargado se acercó.
-Mira -dijo a Cass-, si vuelves a hacer eso te echo. Aquí no necesitamos tus exhibiciones. - ¡Vete a la mierda, amigo! -dijo ella. - Será mejor que la controles -me dijo el encargado. - No te preocupes -dije yo. - Es mi nariz -dijo Cass-, puedo hacer lo que quiera con ella - No -dije-, a mí me duele. - ¿Quieres decir que te duele a ti cuando me clavo un alfiler en la nariz? - Sí, me duele, de veras. - De acuerdo, no lo volveré a hacer. Ánimo
Me besó, pero como riéndose un poco en medio del beso y sin soltar el pañuelo de la nariz. Cuando cerraron nos fuimos a donde yo vivía. Tenía un poco de cerveza y nos sentamos a charlar. Fue entonces cuando pude apreciar que era una persona que rebosaba bondad y cariño. Se entregaba sin saberlo. Al mismo tiempo, retrocedía a zonas de descontrol e incoherencia. Esquizoide. Una esquizo hermosa y espiritual. Quizás algún hombre, algo acabase destruyéndola para siempre. Esperaba no ser yo. Nos fuimos a la cama y cuando apagué las luces me preguntó: - ¿Cuándo quieres hacerlo, ahora o por la mañana? - Por la mañana -dije, y me di la vuelta.
Por la mañana me levanté, hice un par cafés y le llevé uno a la cama. Se echó a reír.
- Eres el primer hombre que conozco que no ha querido hacerlo por la noche. - No hay problema -dije-. En realidad no tenemos por que hacerlo. - No, espera, ahora quiero yo. Déjame que me refresque un poco.
Se fue al baño. Salió enseguida, realmente maravillosa, largo pelo negro resplandeciente, ojos y labios resplandecientes, toda resplandor... Se desperezó sosegadamente, buena cosa. Se metió en la cama.
- Ven, amor.
Fui.
Besaba con abandono, pero sin prisa. Dejé que mis manos recorriesen su cuerpo. Acariciasen su pelo. La monté. Su carne era cálida y prieta. Empecé a moverme despacio y queriendo que durara. Ella me miraba a los ojos.
- ¿Cómo te llamas? -pregunté. - ¿Qué diablos importa? -preguntó ella.
Solté una carcajada y seguí. Después se vistió y la llevé en coche al bar, pero era difícil olvidarla. Yo no trabajaba y dormí hasta las dos y luego me levanté y leí el periódico. Cuando estaba en la bañera, entro ella con una hoja: una oreja de elefante.
- Sabía que estabas en la bañera -dijo-, así que te traje algo para tapar esa cosa, hijo de la naturaleza.
Y me echó encima, en la bañera, la hoja de elefante.
- ¿Cómo sabías que estaba en la bañera? - Lo sabía.
Cass llegaba casi todos los días cuando yo estaba en la bañera. No era siempre la misma hora, pero raras veces fallaba, y traía la hoja de elefante. Y luego hacíamos el amor.
Telefoneó una o dos noches y tuve que sacarla de la cárcel por borrachera y pelea pagando la fianza.
- Esos hijos de puta - decía-, sólo porque te pagan unas copas creen que pueden echarte mano a las bragas. - La culpa la tienes tú por aceptar la copa - Yo creía que se interesaba por mí, no sólo por mi cuerpo. - A mí me interesas tú y tu cuerpo. Pero dudo que la mayoría de los hombres puedan ver más allá de tu cuerpo.
Dejé la ciudad y estuve fuera seis meses, anduve vagabundeando; volví. No había olvidado a Cass ni un momento, pero habíamos tenido algún tipo de discusión y además yo tenía ganas de ponerme en marcha, y cuando volví pensé que se habría ido; pero no llevaba sentado treinta minutos en el West End cuando ella llegó y se sentó a mi lado.
- Vaya, cabrón, has vuelto.
Pedí un trago para ella. Luego la miré. Llevaba un vestido de cuello alto. Nuca la había visto así. Y debajo de cada ojo, clavado, llevaba un alfiler de cabeza de cristal. Sólo se podían ver las cabezas de los alfileres, pero los alfileres estaban clavados.
- Maldita sea, aún sigues intentando destruir tu belleza.... - No, no seas tonto, es la moda. - Estas chiflada. - Te he echado de menos -dijo - ¿Hay otro? - No, no hay ninguno. Solo tú. Pero ahora hago la vida. Cobro diez billetes. Pero para ti es gratis. - Sácate esos alfileres. - No, es la moda. - Me hace muy desgraciado. - ¿Estás seguro? - Sí, mierda, estoy seguro.
Se sacó lentamente los alfileres y los guardo en el bolso.
- Porque la gente cree que es todo lo que tengo. La belleza no es nada. La belleza no permanece. No sabes la suerte que tienes siendo feo, porque si le agradas a alguien sabes que es por otra cosa. - Vale -dije-, tengo mucha suerte. - No quiero decir que seas feo. Sólo que la gente cree que lo eres. Tienes una cara fascinante. - Gracias.
Tomamos otra copa.
- ¿Qué andas haciendo? -preguntó. - Nada. No soy capaz de apegarme a nada. Nada me interesa. - A mí tampoco. Si fueses mujer podrías ser puta. - No creo que quisiera establecer un contacto tan íntimo con tantos extraños. Debe ser un fastidio. - Tienes razón, es fastidioso, todo es fastidioso.
Salimos juntos, por la calle, la gente aún miraba a Cass. Aún era una mujer hermosa, quizá más que nunca.
Fuimos a casa y abrir una botella de vino y hablamos. A Cass y a mí, siempre nos era fácil hablar. Ella hablaba un rato yo escuchaba y luego hablaba yo. Nuestra conversación fluía fácil sin tensión. Era como si descubriésemos secretos juntos. Cuando descubríamos uno bueno, Cass se reía con aquella risa.. de aquella manera que sólo ella podía reírse. Era como el gozo del fuego. Y durante la charla nos besábamos y nos arrimábamos. Nos pusimos muy calientes y decidimos irnos a la cama. Fue entonces cuando Cass se quito aquel vestido del cuello alto y lo vi... Vi la mellada y horrible cicatriz que le cruzaba el cuello. Era grande y ancha.
- Maldita sea, condenada, ¿Qué has hecho? -dije desde la cama - Lo intenté con una botella rota una noche. ¿Ya no te gusto? ¿Soy bonita aún?
La arrastré a la cama y la besé. Me empujo y se echo a reír:
- Algunos me pagan los diez y luego, cuando me desvisto no quieren hacerlo. Yo me quedo los diez. Es muy divertido. - Sí -dije-, no puedo parar de reír... Cass, zorra, te amo... deja de destruirte; eres la mujer con más vida que conozco.
Volvimos a besarnos. Cass lloraba en silencio. Sentí las lágrimas. Sentí aquel pelo largo y negro tendido bajo mí como una bandera de muerte. Disfrutamos e hicimos un amor lento y sombrío y maravilloso.
Por la mañana, Cass estaba levantada haciendo el desayuno. Parecía muy tranquila y feliz. Cantaba. Yo me quedé en la cama gozando su felicidad. Por fin, vino y me zarandeó.
- ¡Arriba, cabrón! ¡Chapúzate con agua fría la cara y la polla y ven a disfrutar del banquete!
Ese día la llevé en coche a la playa. No era un día de fiesta y aún no era verano, todo estaba espléndidamente desierto. Vagabundos playeros en andrajos dormían en la arena. Había otros sentados en bancos de piedra compartiendo una botella solitaria. Las gaviotas revoloteaban estúpidas pero distraídas. Ancianas de setenta y ochenta, sentadas en los bancos, discutiendo ventas de fincas dejadas por maridos asesinados mucho tiempo atrás por la angustia y la estupidez de la supervivencia. Había paz en el aire y paseamos y estuvimos tumbados por allí y no hablamos muchos. Era agradable simplemente estar juntos. Compré bocadillos, patatas fritas y bebidas y nos sentamos a beber en la arena. Luego abracé a Cass y dormimos así abrazados un rato. Era mejor que hacer el amor. Era como fluir juntos sin tensión. Luego volvimos a casa en mi coche y preparé la cena. Después de cenar, sugerí a Cass que viviésemos juntos. Se quedó mucho rato mirándome y luego dijo lentamente "NO". La llevé de nuevo al bar, le pagué una copa y me fui.
Al día siguiente, encontré un trabajo como empaquetador en una fábrica y trabajé todo lo que quedaba de semana. Estaba demasiado cansado para andar mucho por ahí, pero el viernes por la noche me acerqué al West End. Me senté y esperé a Cass. Pasaron horas. Cuando estaba ya bastante borracho, me vio el encargado.
- Siento lo de tu amiga. - ¿El qué? -pregunté. - Lo siento. ¿No lo sabías? - No - Suicidio, la enterraron ayer - ¿Enterrada? -pregunté. Parecía como si fuese a aparecer en la puerta de un momento a otro. ¿Cómo podía haber muerto? - La enterraron las hermanas - ¿Un suicidio? ¿Cómo fue? - Se cortó el cuello. - Ya. Dame otro trago.
Estuve bebiendo allí hasta que cerraron. Cass, la más bella de las cinco hermanas, la chica más guapa de la ciudad. Conseguí conducir hasta casa sin poder dejar de pensar que debería haber insistido en que se quedara conmigo en vez de aceptar aquel "NO". Todo en ella había indicado que le pasaba algo. Yo sencillamente había sido demasiado insensible, demasiado despreocupado. Me merecía mi muerte y la de ella. Era un perro. No, ¿Por qué acusar a los perros? Me levanté, busqué una botella de vino, bebí lúgubremente. Cass, la chica más guapa de la ciudad muerta a los veinte años.
Fuera, alguien tocaba la bocina de un coche. Unos bocinazos escandalosos, persistentes. Dejé la botella y aullé "¡MALDITO SEAS, CONDENADO HIJO DE PUTA, CALLATE YA!".
Y seguía avanzando la noche y yo nada podía hacer.
sábado 20 de junio de 2009

Siento tu aliento en mi nuca y se me pone la carne de gallina. Así de simple. Me gusta mirarte atontada, que sonrias, que hagas tonterías. Me gusta cuando me rozas y apenas te das cuenta. Cuando me dices cosas bonitas, cuando me dices guarradas y nos insultamos. Me gusta que dibujes cosas con tus dedos sobre mi espalda, que circules mi ombligo con tu lengua. Me encanta que pierdas la mirada en la lejanía, que suspires. Hablar hasta altas horas de la madrugada, lamernos las heridas, comernos los pies. Y ya ni te digo cuando tu lengua pasa por mis labios...y por la boca también.
Somos unas señoras en la calle, y unas auténticas guarras en la cama.
lunes 15 de junio de 2009
~
Si algo he aprendido en esta vida, es que un instante, un pequeño fragmento de arena del más minúsculo reloj de tiempo, puede destrozarlo todo. Las cosas pasajeras normalmente no duran mucho, y menos una vida. Si de algo estoy orgullosa, es también haber aprendido de mis errores, aunque me costara, fallo tras fallo, golpe tras golpe, sonrisa a sonrisa, lo conseguí. Algunas veces incluso he llegado a pensar que soy masoca, ¿por qué complico tanto las cosas sencillas? Porque soy un ser humano, supongo. Porque la mente humana va mucho mas allá de la sustancia, de una simple suma de operaciones, que al lado de la vida, del pensamiento, no son más que miseria. ¿Y qué más puedo decir? Que todas las personas estamos hechas de la misma mierda, que no estamos hechos para disfrutar, aunque lo intentemos. Que tarde o temprano acabaremos rompiendolo todo, las ataduras, la felicidad, las lágrimas. Si no nos gusta una cosa, queremos lo contrario, y cuando los conseguimos, cambiamos de opinión. ¿Acaso sabríais decirme el por qué? Yo te lo puedo decir, todo el mundo lo tiene al alcance de su mando. Atiende. Aparte de la vida, del arte, del pensamiento, errar es una de las cosas que nos hace personas, que al fin y al cabo, es un don que no muchos se merecen.
El universo, más que eso. Hemos conseguido construir barcos, enchufes, cámaras de fotos, ordenadores. Simplemente para olvidar nustra razón de ser y no cometer errores. A mí me encanta errar, solo por el hecho de aprender una cosa nueva. Y creo que la gente que me rodea debe de tenerlo muy claro. En fin, la moraleja de todo esto, si es que tiene alguna, quizá podría ser que hemos de aprender de nuestros errores, sería lo más evidente. Pero yo creo que las cosas van mucho mas allá de eso. Que no solo por respuesta hay un sí o un no, ni blanco ni negro. La verdadera moraleja de una vida de errores catastróficos inculcando locura y desesperación allí por donde paso es que hay que aprovechar el momento, que un instante vale más que todo el oro del mundo, que hay maravillas por descrubir, que hay que luchar hasta el final, sentir el aire en elos pulmones a cada bocanada, eso si, siempre con las personas a las que se quiere. ¡Ah! Y también he aprendido a pedir perdón.
Y ese fue el día más sincero de mi vida. Quizá no te gustó, pero me quede tranquila.
Y llámenme desquiciada ahora.
El universo, más que eso. Hemos conseguido construir barcos, enchufes, cámaras de fotos, ordenadores. Simplemente para olvidar nustra razón de ser y no cometer errores. A mí me encanta errar, solo por el hecho de aprender una cosa nueva. Y creo que la gente que me rodea debe de tenerlo muy claro. En fin, la moraleja de todo esto, si es que tiene alguna, quizá podría ser que hemos de aprender de nuestros errores, sería lo más evidente. Pero yo creo que las cosas van mucho mas allá de eso. Que no solo por respuesta hay un sí o un no, ni blanco ni negro. La verdadera moraleja de una vida de errores catastróficos inculcando locura y desesperación allí por donde paso es que hay que aprovechar el momento, que un instante vale más que todo el oro del mundo, que hay maravillas por descrubir, que hay que luchar hasta el final, sentir el aire en elos pulmones a cada bocanada, eso si, siempre con las personas a las que se quiere. ¡Ah! Y también he aprendido a pedir perdón.
Y ese fue el día más sincero de mi vida. Quizá no te gustó, pero me quede tranquila.
Y llámenme desquiciada ahora.
martes 2 de junio de 2009
सोमोस पोकास पेरो लोकास

No quiero más. Ni modas, ni hostias, yo no soy así y deberías saberlo muy bien. Siempre te he explicado y has entendido como soy, y ahora no me vengas con el cuento de que pensabas que era broma. Y me da igual si acabas por insultarme, como todos los demás. Llámame zorra, puta, guarra...todo lo que tu quieras y que sabes que tu madre a mi edad también lo fue. No podrás cambiar mi forma de ser, de pensar; que porque tu seas un engreído, un egoísta, que dices que me quieres ver feliz y me intentas doblegar, mis pasiones, mis vicios, yo no me voy a quedar atrás. Y luego hablais de evolución, simpáticos hipócritas disfrazados de los izquierdistas más revolucionarios. Ya estoy harta, que no, que no me voy a callar, que estoy harta de tener que hacer como que me avergüenzo de lo que soy. Que si susurros por la espalda, que si miradas disimuladas, que cuando te miro enseguida te apartes y si me acerco a ti me des la espalda...¿Pero en qué coño se ha convertido todo esto? En un circo. Que sois unos putos payasos, unos peleles...¿Inconformistas? TU PADRE. Pensar diferente de vosotros es ser como mínimo de derechas, y sino ¿qué?¿Ahora de qué me vas a tachar? Una vez que no me puedes etiquetar,¿que coño me vas a llamar?
Solo digo una cosa, sois novatos en el tema de poner a parir. Que yo tengo mi propia religión, mi propio espiritu y mi propia mentalidad, y si te quedas ahi...Ya lo dice el refrán: Cuando el dedo apunta al cielo, el tonto mira al dedo.
Y SÍ, AHORA SOMOS LIBERALES. Me gusta follar, beber y hacer cosas que se suponen ilegales.
[Somos señoras en la calle, pero auténticas guarras en la cama]
miércoles 13 de mayo de 2009
Ésta es la historia de una sociedad que se hunde, y que mientras se va hundiendo no para de decirse: hasta ahora todo va bien, hasta ahora todo va bien, hasta ahora todo va bien. Eso es lo que le pasa a la mayoría de la gente. Un trabajo, un hogar, una gran vida con un gran sofá y una tele grande que te cagas. Eso es lo único que importa. Hasta ahora todo va bien, no ha pasado nada que me quite el sueño, de vez en cuando tengo una movida, pero nada importante, hasta ahora todo va bien. Hasta que llegue el día en que te comas la patada en la boca, hasta que te arrepientas de tener ese trabajo, ese hogar, esa gran vida en ese gran sofa con esa tele grande que te cagas; será entonces cuando estés tan en el hoyo, cubierto de fango, que dirás ¿qué coño ha pasado con mi vida? Pero no te preocupes: Lo importante no es la caída, sino el aterrizaje.
Está permitido caerse, levantarse es obligatorio
Está permitido caerse, levantarse es obligatorio
Suscribirse a:
Entradas (Atom)